El hormigón es uno de los materiales más utilizados en el mundo de la construcción.
Sin embargo, también es una de las fuentes más significativas de emisiones de dióxido de carbono.
Dentro de su composición, los áridos tienen un papel clave no solo estructuralmente, sino también en su impacto ambiental.
Comprender cómo influyen los áridos en la huella de carbono del hormigón es esencial para quienes buscan soluciones más sostenibles.
Los áridos son materiales granulares que se mezclan con cemento y agua para formar el hormigón.
Se clasifican en áridos finos (como la arena) y áridos gruesos (como la grava o la piedra triturada).
Estos elementos representan hasta el 80% de la masa total del hormigón.
Su función principal es proporcionar resistencia mecánica, reducir la contracción del hormigón y abaratar su costo.
Pero su papel va mucho más allá de lo técnico.
La huella de carbono indica la cantidad total de gases de efecto invernadero emitidos durante el ciclo de vida de un producto.
En el caso del hormigón, incluye varias etapas:
De todas ellas, la producción de cemento representa alrededor del 60-70% de las emisiones.
Pero los áridos también tienen una contribución importante que no debe subestimarse.
Los áridos pueden parecer materiales «neutros», pero su impacto depende de varios factores.
Uno de ellos es el proceso de extracción, que puede ser muy intensivo en consumo de energía.
Otro factor es el transporte, ya que cuanto mayor sea la distancia desde la cantera hasta la planta de hormigón, mayor será la emisión de gases contaminantes.
Cada uno de estos aspectos tiene un impacto directo en las emisiones de CO₂ asociadas al uso de áridos.
Pensemos en una obra de un edificio de oficinas en una ciudad costera.
Para la cimentación se requiere una gran cantidad de hormigón armado de alta resistencia.
Los áridos gruesos elegidos se extraen a 200 km de distancia y se transportan en camiones.
Cada trayecto implica un elevado consumo de diésel y una emisión aproximada de 30 kg de CO₂ por tonelada transportada.
Si la obra necesita 5.000 toneladas, hablamos de 150.000 kg de CO₂ solo en transporte.
Esto sin tener en cuenta las emisiones derivadas de la trituración y el cribado de estos materiales.
El impacto se vuelve aún más severo si los áridos son importados por barco desde otro continente.
En ese caso, las emisiones se multiplican debido al transporte marítimo y las necesidades logísticas adicionales.
Adoptar estrategias para disminuir el impacto ambiental de los áridos es más factible de lo que parece.
Existen varias soluciones prácticas que las empresas de construcción ya están implementando.
Los áridos reciclados provienen de residuos de demolición de obras.
Su utilización evita la extracción de nuevos recursos naturales y reduce significativamente la huella de carbono.
Por ejemplo, aprovechar el escombro triturado de estructuras antiguas evita tanto el transporte desde canteras como el depósito en vertederos.
Además, los ensayos recientes muestran que los áridos reciclados pueden ofrecer una resistencia satisfactoria en hormigones estructurales.
Una de las claves más sencillas es apostar por áridos locales.
Reducir la distancia logística disminuye en gran medida la huella de carbono del hormigón transportado.
Esto tiene el doble beneficio de potenciar la economía local y reducir el tráfico en carreteras.
Algunas empresas incluso están colaborando con gobiernos regionales para garantizar la extracción sostenible de materiales de su entorno.
En algunos proyectos de gran envergadura, se instalan plantas móviles de trituración de residuos en el mismo lugar de trabajo.
Esto permite procesar áridos in situ y minimizar los desplazamientos.
Reducir viajes en camiones no solo ahorra combustible, también evita molestias a la comunidad vecina.
La industria de la construcción está viendo una revolución silenciosa en torno a los áridos.
No se trata solo de encontrar sustitutos, sino también de tecnologías que optimicen su impacto ambiental.
Están surgiendo tecnologías para fabricar áridos artificiales a partir de lodos industriales, escorias de alto horno y residuos de minería.
Estos no solo evitan la extracción de materiales nuevos, sino que además capturan carbono durante su proceso de fabricación.
Empresas start-up especializadas en materiales sostenibles están desarrollando soluciones de áridos con carbono negativo.
Algunos de estos productos ya han sido ensayados satisfactoriamente en ensambles de hormigón armado con resultados comparables a los áridos tradicionales.
Gracias a la digitalización, hoy es posible rastrear el origen, procesamiento y transporte de los áridos con gran detalle.
Etiquetas inteligentes y sistemas blockchain permiten validar la huella de carbono de cada carga que entra en una planta de hormigón.
Esto ofrece a empresas y clientes finales una visión clara del impacto ambiental y favorece buenas prácticas.
Inclusive, algunas licitaciones públicas ya están exigiendo certificaciones ambientales en los procesos de construcción.
Sí, siempre que se seleccionen y procesen adecuadamente, pueden ofrecer propiedades mecánicas adecuadas.
Especialmente en aplicaciones estructurales no críticas, son una excelente alternativa.
Los áridos reciclados y los áridos locales naturales correctamente gestionados suelen tener la huella de carbono más baja.
Esto se debe a la menor energía requerida para extraerlos o procesarlos y al ahorro en transporte.
Absolutamente.
El transporte puede representar hasta el 40% del impacto ambiental total de los áridos en algunos proyectos.
Reducir distancias o usar medios energéticamente eficientes como el ferrocarril puede ser fundamental.
Sí, normas como la EN 15804 y sistemas como EPD (Declaraciones Ambientales de Producto) ayudan a medir y comparan el impacto ambiental de materiales de construcción.
La presión por construir de manera más sostenible no deja de crecer tanto desde la administración pública como desde el consumidor final.
Empresas constructoras, arquitectos y fabricantes de materiales buscan soluciones para reducir el CO₂ en la cadena de suministro.
Los áridos, al representar un gran volumen en el hormigón, se convierten en uno de los elementos clave para lograr ese objetivo.
Cada decisión sobre el tipo de árido que se usará en una obra tiene implicaciones que trascienden lo técnico y lo económico.
Se trata de una responsabilidad ambiental que cada actor del sector debe entender y asumir.
Adoptar medidas proactivas ahora evitará regulaciones más estrictas en el futuro cercano.
Incluso puede traducirse en beneficios fiscales o ventajas competitivas en licitaciones públicas.
En definitiva, los áridos ya no son simples elementos inertes en la mezcla del hormigón.
Hoy representan una pieza clave en la transición hacia una construcción baja en carbono.
Conocer su impacto, optimizar su uso y elegir alternativas sostenibles no solo mejora la eficiencia del proyecto, sino que reduce la huella de carbono de forma significativa.
Es momento de mirar más allá del cemento y considerar el valor estratégico que aportan los áridos bien gestionados.
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