Si trabajas en el sector de la construcción, sabes que un almacenamiento adecuado de materiales puede marcar la diferencia entre el éxito y un problema costoso.
En particular, los áridos a granel requieren unas condiciones específicas que garanticen su calidad, seguridad y usabilidad en obra.
Desde grava hasta arena, pasando por piedra machacada o materiales reciclados, su correcta gestión afecta directamente a la productividad y al coste del proyecto.
Los áridos son la base de muchos procesos constructivos, desde la fabricación de hormigón hasta el asfaltado de carreteras.
Un almacenamiento inadecuado puede provocar la pérdida de propiedades del material, contaminación, humedad no deseada o generación de residuos.
Además, almacenar de manera eficiente permite un mejor control del inventario, mayor organización del espacio y reducción de gastos operativos.
Para que los áridos a granel mantengan sus propiedades físicas y químicas, es crucial considerar ciertos factores desde el inicio.
Lo primero es definir el tipo de árido a almacenar y su volumen estimado de rotación en obra o planta.
El lugar donde se almacenan es determinante.
Una superficie nivelada, estable y bien drenada es fundamental para evitar acumulaciones de agua.
Idealmente, debe estar cubierta por una cementación o solera resistente que facilite la carga y descarga.
Los áridos finos como arena son extremadamente sensibles a la acción del viento, la lluvia o el sol intenso.
Si no se protegen adecuadamente, la granulometría puede alterarse, lo que influye directamente en la dosificación del hormigón u otros usos.
Cada tipo de árido debe almacenarse de forma independiente, en celdas o boxes claramente diferenciados y etiquetados.
Esto es especialmente importante si hay diferencia de tamaño, color o procedencia del material.
La mezcla accidental puede llevar a rechazos de material en obra y errores graves en la formulación.
El diseño del espacio debe adaptarse tanto al flujo del material como a la maquinaria que lo manipulará.
Se debe facilitar una entrada y salida sencilla, segura y rápida para camiones, palas cargadoras u otros vehículos.
La opción más habitual y profesional para almacenar diferentes tipos de áridos son los boxes de hormigón.
Estos módulos permiten dividir correctamente los materiales y garantizan una estabilidad estructural apropiada.
En zonas donde se trabaja a cielo abierto y con gran volumen, puede optarse por acopios directos en montones.
En estos casos, es clave respetar la forma de montículo tipo pirámide, lo que evita infiltraciones y minimiza la exposición ambiental.
Conviene reforzar el perímetro con muretes o barandillas de contención para mayor seguridad.
Los espacios de tránsito deben recubrirse con zahorras compactadas o soleras anti-polvo.
Una buena visibilidad, señalización y acceso peatonal es vital para operar con seguridad.
Se recomiendan zonas específicas para descarga, clasificación y pesaje del árido cuando el volumen lo requiere.
La humedad es uno de los elementos más críticos a controlar en los materiales granulares.
Puede alterar el peso específico aparente del árido y la dosificación de cemento o aditivos.
En casos extremos, incluso puede bloquear tolvas o dañar equipos.
Una empresa de construcción mediana ubicada en el sur de España tenía frecuentes problemas al fabricar su hormigón estructural.
Notaban inconsistencias en la resistencia final de sus piezas prefabricadas, lo que llevó a múltiples revisiones de la planta de mezclado y de sus procedimientos internos.
Tras una auditoría externa, la causa no era otra que un mal almacenamiento de áridos.
El acopio de arena estaba demasiado expuesto y absorbía más de un 8% de humedad tras cada lluviosa madrugada.
Al pesan los áridos “húmedos” como si fueran secos, la proporción de cemento resultaba menor a la necesaria.
Esto generó errores críticos y pérdidas de varios miles de euros en rehacer y reforzar estructuras.
Tras instalar boxes cubiertos, un sencillo sistema de pesaje por humedad y personal capacitado, la producción mejoró inmediatamente.
Hoy, ese sencillo cambio representa un ahorro del 12% en costes de reprocesado y una reducción del 20% en reclamaciones técnicas.
El control diario de materiales almacenados es tan importante como el diseño.
Un espacio perfectamente construido puede fallar por mal uso o descuido durante la carga y descarga.
Depende del clima y del tipo de árido.
Si el clima es húmedo o el material es fino, lo ideal es contar con coberturas parciales o totales.
Si se almacenan correctamente, la mayoría de áridos pueden conservarse durante largo tiempo sin problemas.
Sin embargo, el agua, el polvo o la contaminación pueden alterar su calidad.
No es recomendable.
La tierra puede contaminar el producto y absorber humedad, afectando al rendimiento del árido.
Existen equipos como húmedímetros digitales, orificios de extracción para toma de muestras o simplemente métodos tradicionales como la bandeja metálica al fuego.
Lo importante es estandarizar el método, medir a diario y ajustar las mezclas según el resultado.
Sí, suelen tener una mayor suscetibilidad a la absorción y a la compactación.
Por eso, además de separarlos, conviene utilizar boxes ventilados o especial atención a su peso específico tras acopiarse por varios días.
En definitiva, una adecuada gestión del almacenamiento de áridos a granel no solo previene pérdidas económicas, sino que mejora la eficiencia, seguridad y calidad de cualquier proyecto de obra o reforma.
Implementar buenas prácticas, estructuras resistentes y personal capacitado son pasos elementales que marcarán una gran diferencia en los resultados finales.
El cuidado con que se almacena un árido, muchas veces, define el éxito silencioso pero rotundo de una obra bien ejecutada.
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