En muchas obras, los áridos pasan desapercibidos, pero su papel en sistemas de drenaje y filtros es tan esencial como la cimentación misma.
Los áridos para drenaje son materiales granulares naturales o artificiales que se utilizan para facilitar el paso del agua a través del suelo.
Su principal tarea es evitar la acumulación de agua en construcciones, caminos, jardines y muros de contención.
Están diseñados para maximizar la permeabilidad del sistema mientras retienen partículas sólidas que podrían causar obstrucciones.
Este equilibrio los convierte en una solución clave en todo tipo de proyectos de construcción.
Seleccionar el tipo correcto de árido impacta directamente en la eficacia del drenaje.
Dependiendo del uso y del sistema, se emplean diferentes tipos.
Se compone de grava lavada o triturada con un tamaño de partícula de entre 5 mm y 40 mm.
Es ideal para sistemas donde se requiere alta capacidad de infiltración, como drenajes perimetrales o subsuelos de carreteras.
Se refiere a arenas o partículas con un diámetro menor a 5 mm.
Su función principal es servir como capa filtrante para evitar la migración de finos en sistemas de drenaje más complejos.
Cada vez más habitual, este tipo se obtiene de la trituración de restos de hormigón o demolición.
Aunque depende del control de calidad, en muchos casos tiene un rendimiento similar al árido natural.
No es suficiente instalar áridos: es vital entender qué objetivo cumplen en la obra.
Estas son las funciones clave que deben garantizar.
Estas funciones se logran gracias a la selección correcta del tamaño y forma del árido.
Para que un árido sea eficaz en un sistema de drenaje o filtración, debe reunir ciertas características específicas.
Estas propiedades deben validarse durante la fase de planificación para garantizar durabilidad en la construcción.
Una mala elección puede ocasionar problemas de humedad, colapso estructural o filtraciones a medio plazo.
Los áridos para filtración y drenaje se emplean en múltiples contextos dentro del mundo de la construcción.
Colocados alrededor del perímetro de una zapata o muro, evitan que se acumule el agua de lluvia o subterránea.
Normalmente se usan en combinación con tuberías perforadas y geotextiles.
Permiten la evacuación de agua del subsuelo para favorecer cultivos que no toleran suelos anegados.
Usualmente se emplean túneles drenantes rellenos con grava y arena lavada.
Bajo la base de pavimentos exteriores, los áridos favorecen la evacuación de agua hacia una capa de recogida o sumidero.
De esta manera, se evita el deterioro del pavimento por heladas o dilataciones.
Los muros de contención requieren un correcto drenaje trasero para evitar la acumulación de agua y el empuje hidrostático.
Se construye una trinchera drenante contra el muro para facilitar la evacuación con grava y tubo de drenaje.
En diseño paisajístico, los sistemas drenantes con áridos ayudan a evitar charcos o inundaciones tras lluvias intensas.
También se emplean para proteger las raíces de la humedad excesiva.
Un caso frecuente es la aparición de humedad en sótanos o plantas bajas de viviendas con mala evacuación de agua.
Una constructora decidió intervenir en una vivienda con este problema, en la que el agua de lluvia se acumulaba contra los muros perimetrales.
La solución fue realizar una zanja alrededor de la vivienda de 60 cm de profundidad y 40 cm de ancho.
Se colocó un tubo de drenaje perforado en el fondo con pendiente hacia una arqueta.
Luego se rellenó la zanja con grava limpia de 20 mm hasta 10 cm por debajo del terreno.
Encima se colocó una capa de arena fina como filtro y finalmente se restituyó el terreno vegetal.
Tras esta intervención, la vivienda no volvió a presentar presencia de humedad en los cimientos en más de tres años, incluso durante inviernos con fuertes lluvias.
Este ejemplo demuestra el valor que tiene una correcta elección del árido para drenaje y un diseño sencillo bien ejecutado.
La eficacia de un sistema de drenaje depende tanto del diseño como de la calidad del material usado.
Evitar estos errores puede ahorrar importantes costes de reparación a medio plazo.
La mejor opción es grava lavada de entre 15 y 40 mm, ya que tiene alta permeabilidad y no contiene finos.
Sí, en muchos casos se recomienda crear capas de árido grueso y árido fino para mejorar el filtrado y evitar arrastres de tierra.
No siempre, pero en suelos sueltos o muy arcillosos es altamente recomendable para mantener limpio el sistema.
Un buen indicativo es la ausencia de charcos o humedad en las zonas cercanas y un rápido desagüe tras lluvias.
Debe inspeccionarse al menos una vez al año, especialmente las salidas del agua, para confirmar que no hay obstrucciones.
El uso de áridos certificados garantiza que el material tiene la granulometría adecuada y libre de impurezas.
Esto es especialmente importante en obras públicas, infraestructuras sanitarias y sistemas de contención.
Las certificaciones también aseguran que el árido ha sido procesado en plantas controladas con protocolos medioambientales.
Aunque puede parecer más costoso inicialmente, su uso es sinónimo de fiabilidad y durabilidad a largo plazo.
En algunos países, incluso es obligatorio el uso de áridos con marcado CE para obras civiles.
Contar con el proveedor correcto puede ser la diferencia entre éxito y fracaso en una obra.
Un proveedor calificado entiende que el éxito del proyecto también depende de la calidad del árido entregado.
No se trata solo de comprar grava, sino de elegir una solución técnica a largo plazo.
En resumen, los áridos para drenaje y filtración son elementos esenciales en sistemas constructivos eficientes y durables.
Desde una zanja perimetral hasta un muro de contención, su elección y correcta implementación previene riesgos, humedad y costes mayores en el futuro.
Invertir en áridos de calidad no solo es una decisión técnica, sino también una apuesta por la salud estructural de cualquier obra.
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